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 FLORIPA 2007
Terminado el encuentro Moto Lagoa en São Lourenço do Sul, sólo dos de las Águilas Charrúas proseguimos nuestro vuelo hacia el norte de Rio Grande do Sul, hasta alcanzar Santa Catarina.
Llegados a Porto Alegre, tomamos la free way hasta Osório y de allí empalmamos con la Estrada do Mar, rumbo a Tramandaí.
Arribados a ese punto ya comenzó a llover y si bien la lluvia no tomaba visos de intensa, nos molestó hasta llegar a esta ciudad balnearia.
Sin duda que Tramandaí también crece año a año pero, después de dar una vuelta, recorrer la playa y parte de la costanera – que se encuentra parcialmente en reparaciones – seguimos nuestro camino hacia Torres.
Pensábamos entrar en Capão da Canoa, pero allí sí la lluvia era tan fuerte que estimábamos que no valía la pena hacerlo en esas condiciones y seguimos viaje. Fue bastante tedioso porque en ese tramo la velocidad máxima permitida es de 80 km/h y está lleno de “pardais”, o sea, los sensores fotográficos que capturan a los infractores. Por otra parte la ruta es angosta y con tráfico intenso, por lo que tuvimos que armarnos de paciencia e ir navegando (en el más literal sentido del término, debido al agua que caía) lentamente hasta llegar a Torres.
Mi equipo de agua ya había demostrado que no aguantaba, pero la mala noticia fue que las botas (brasileñas y compradas hace poco) también permitían la entrada de agua.
Por suerte la lluvia nos dio un respiro para buscar un hotel o posada, lo que finalmente encontramos, de buen nivel y un precio razonable, frente a la misma playa. Metimos las motos en el garage y comenzamos el desempaque totalmente empapados.
Estaba ya avanzada la tarde y nos quedamos en la posada hasta la noche. En un momento dejó de llover y decidimos hacer una caminata hasta la calle principal y comer algo. Estábamos cenando cuando la lluvia regresó con toda su fuerza por lo que debimos permanecer a reparo hasta que amainó y pudimos volver.
Buscamos en Internet el estado del tiempo para el día siguiente y nos daba lluvia en Torres y lluvia en Florianópolis, por lo que nos sentimos varados allí sin mucha alegría de seguir viaje si el mal tiempo continuaba. Nos encontramos con una familia de uruguayos que viaja en auto y que también esperaba ver que pasaba con el tiempo para seguir viaje o regresar.
El día siguiente volvió a estar lluvioso y decidimos quedarnos en Torres, aunque el pronóstico del tiempo seguía dando lo mismo. Lluvia y más lluvia.
Ya al mediodía del lunes, el tiempo comenzó a mejorar y pudimos pasear por la ciudad, recorrer la playa y el Parque Da Guarita, con sus morros, acantilados y playas escondidas.
La noche se presentó inestable, pero con indicadores de mejoría.
La mañana siguiente amaneció esplendorosa. Pudimos disfrutar desde muy temprano la playa y nos preparamos para seguir viaje.
Accedimos a la BR 101 y nos encontramos con una carretera angosta, en mal estado y con un tránsito impresionante, sobre todo de camiones.
En muchos tramos existen desvíos que enlentecen la marcha y en el pasaje por las ciudades no hay más remedio que permanecer en fila india.
Paramos para abastecernos y almorzar a unos 30 km de Florianópolis y le preguntamos al mozo por el clima. “Aquí no ha llovido nada y no se espera que llueva”, nos dijo. Quedamos bastante descolocados porque eso no cerraba con la información que habíamos visto en Internet.
De cualquier modo nos alegró la noticia y seguimos viaje. No habíamos recorrido ni diez kilómetros cuando se descolgó un chaparrón que nos empapó de nuevo.
Felizmente fue pasajero y finalmente arribamos a Floripa. La última vez que yo había estado había sido hace unos 30 años, así que imagínense los cambios que noté. Nos fuimos a Lagoa da Conceição porque nos habían dado un dato de unas cabañas, pero no nos gustó el lugar y seguimos hasta Playa de los Ingleses.
Después de averiguar y preguntar un poco, visitamos una Posada ubicada bien sobre la playa que nos gustó, pero tenía el problema de que carecía de garage. Con pena ya estábamos por irnos cuando apareció el encargado del establecimiento – un pingo de nombre Hudson – que nos ofreció dejar las motos en un ancho corredor de la posada. Allí estaban mejor que un garage así que nos instalamos.
En los dos días siguientes recorrimos toda la isla, de norte a sur y de este a oeste. Infinidad de playas espectaculares y un desarrollo urbanístico exuberante que, sobre todo en determinadas zonas, demuestra un elevado poder adquisitivo de sus propietarios.
Canasvieiras, Praia do Forte, Jureré, Armação, Pantano do Sul, Praia da Joaquina, Costão do Santinho, Barra da Lagoa, Cachoeira, Lagoinha e Praia Brava son algunos de los lugares que visitamos.
Disfrutamos de las playas, los paisajes, el buen beber y el buen comer. Recomiendo especialmente la “Seqüencia de Camarão”, que es conveniente pedirla en un buen restaurante ya que con el mismo nombre, la presentación del plato varía bastante. Se trata de un servicio abundante que permite ser compartido por dos personas.
Nos hicimos luego una tirada hasta Pelotas, lo que resultó bastante largo, pero llegamos a tiempo para degustar una de las exquisitas pizzas que ofrece una compatriota nuestra en la Pizzería “Taki”.
Pernoctamos y al otro día llegamos a Uruguay. Para variar: ¡con lluvia torrencial!
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