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CATARATAS DEL IGUAZÚ 2008
Como es habitual, las Águilas Charrúas realizaron un nuevo viaje, esta vez a las increíbles Cataratas del Iguazú.
El emprendimiento estuvo precedido de una detallada planificación, definiendo rutas, etapas, alojamientos y agenda a desarrollar una vez llegados a destino.
En la primera etapa: Montevideo-Paso de los Libres hubo un grupo adelantado de tres águilas que salieron un día antes para visitar las termas salteñas y pernoctar allí. Otros siete viajeros iniciaron la marcha al día siguiente y seis de ellos arribaron sin inconvenientes a Paso de los Libres, reuniéndose con los que habían salido antes. Tuvimos un percance unos kilómetros antes de llegar a Young, en la ruta 3, que determinó que uno de los integrantes del grupo decidiera no continuar.
En efecto, al llegar a una zona de obras, un banderillero salió de improviso al medio de la carretera agitando la bandera. Nos sorprendió porque no había ninguna razón aparente para cortar el tránsito en ese momento. Todos debimos frenar en forma algo acentuada y uno de los integrantes del grupo que venía atrás lo hizo de forma tal que tocó a otra moto y se cayó. La caída fue estando casi detenido y no tuvo consecuencias físicas, salvo una rodilla dolorida, pero la moto rompió el flexible del freno delantero, además de otras “nanas” menores, por lo que el afectado decidió retornar a Montevideo y no seguir viaje.
Todos nos quedamos con pena de no contar con su compañía, pero comprendimos su estado de ánimo y también sabemos que son vicisitudes que pueden acontecer en cualquier momento. La distancia recorrida ese día fue de 760 kilómetros y, en las últimas horas de la tarde, ya estábamos alojados en el Hotel Alejandro I, de aquella ciudad.
La ruta seguida fue Ruta 1 hasta San José, Ruta 3 hasta Salto, cruce a territorio argentino y Ruta 14 hasta Paso de los Libres.
Vale la pena comentar que está en plena construcción una doble vía en la Ruta 14 que seguramente y en poco tiempo, dotará de mayor fluidez y seguridad a una carretera que está en muy buen estado, pero que tiene gran tránsito de vehículos y, sobre todo, de camiones. Al otro día, recorrimos los 655 kilómetros que nos separaban de Puerto Iguazú, al que llegamos también en las últimas horas de la tarde.
El camino seguido fue nuevamente la Ruta 14 hasta la Ruta 105 y luego la Ruta 12 hasta el destino.
Hay un trecho largo de la Ruta 14 que no tiene estaciones de servicio, eso motivó que algunas de las motos con menor autonomía se quedaran sin combustible. Como siempre la experiencia y conocimiento de alguno de los miembros salió a relucir y, con una pequeña bomba eléctrica se hizo el trasiego de los tanques que aún tenían combustible a los menos provistos y seguimos viaje, no sin que eso generara algún retraso.
Nos alojamos en el Hotel Tropical, ubicado a 11 kilómetros de las Cataratas y a unos 3 kilómetros del centro de Puerto Iguazú, un buen hotel tres estrellas y con muy buena atención de su personal.
Al día siguiente, fuimos a recorrer la ciudad de Puerto Iguazú, una ciudad pequeña pero pintoresca. Fue fundada el 19 de setiembre de 1901 como Puerto Aguirre debido a que fue la señora Victoria Aguirre la que donó una importante suma de dinero para la construcción de un camino que permitiera llegar a las cataratas.
Tiene una costanera con agradables vistas sobre el río Iguazú y a muy poca distancia del centro se encuentra el lado argentino de la Triple Frontera, donde la desembocadura del río Iguazú en el Paraná genera tres costas, una perteneciente a Argentina, otra a Brasil y la tercera a Paraguay.
Existen en el lugar tres miradores ubicados en cada uno de los países donde se aprecia, desde la altura, una espectacular vista de este singular punto.
Fuimos luego a visitar el lado argentino de las cataratas, al Parque Nacional Iguazú.
Las Cataratas del Iguazú, cuyo nombre deriva del guaraní “Y-Guazú”, que quiere decir “aguas grandes”, fueron declaradas por la UNESCO, en 1984, Patrimonio Natural de la Humanidad. Las mismas fueron descubiertas en 1542 por Alvar Nuñez Cabeza de Vaca que las bautizó con el nombre de “Saltos de Santa María”.
Después de varias vicisitudes, el Parque Nacional de Iguazú fue creado en 1939.
Tal vez, amerite una referencia saber que un hacendado uruguayo fue dueño de las cataratas y también protagonista de historia que varias versiones recogen. Según ella y al parecer, el hacendado Jesús Val – que así se llamaba este uruguayo - hizo un comentario que le salió caro. Se vanaglorió de tener a las Cataratas en la quinta de su casa. Según algunas versiones eso molestó a Santos Dumont, el famoso aviador que, visitando la zona y enterado de que una sola persona era la propietaria de tal maravilla hizo gestiones con el gobierno brasileño y éste expropió el área.
Hoy Santos Dumont tiene un monumento en el Parque Iguassú, del lado brasileño, que recuerda esa intervención suya.
Según figura en las fichas de datos de esta maravilla natural, se trata de unos 275 saltos de agua, de hasta 82 metros de altura y 4 kilómetros de ancho. Están distribuidos en forma de herradura, con 2.700 metros de extensión: 800 metros en Brasil y 1.900 en Argentina.
La caminata por el lado argentino es más extensa y con más variedad que la del lado brasileño. Unos simpáticos trenes, desde lo que se divisa al Hotel Sheraton, enclavado muy próximo y con vista a las cataratas, conducen a los visitantes a dos estaciones. Comenzando por la última, de allí se camina a una serie de pasarelas metálicas que atraviesan los brazos del río hasta llegar a la parte alta de la Garganta del Diablo, el punto culminante de la magnificencia de las cataratas. En ese recorrido se puede apreciar la diversidad de flora y fauna que rodea al visitante. Un marco de selva y clima subtropical se presenta majestuosa a la vista de viajeros de todas partes del mundo. La presencia constante de mariposas multicolores por doquier o la simpática aparición de coatíes que buscan alimento de los visitantes (y que éstos les dan a pesar de estar prohibido), es un toque inolvidable para todos.
Nos llamó la atención la limpidez del agua, con una coloración verde, pero que permite ver con absoluta claridad el lecho rocoso de rápidos y saltos.
Al aproximarnos a la Garganta del Diablo y su excepcional visión de todo el “cajón” de las Cataratas, el ruido del agua comienza gradualmente a llenar el espacio hasta alcanzar un sonido envolvente que todo lo ocupa.
La caída levanta como un vapor de agua en el que juegan las golondrinas con vuelos cruzados. Se trata de los llamados “andorinhoes do penhasco” (Golondrina Rabadilla Canela). Realmente un espectáculo imponente.
Es fácil comprender entonces a Eleonor Roosevelt cuando, visitando el lugar, dijo con sinceridad: “¡Pobre Niágara!”.
Iniciamos luego la caminata de regreso, nuevamente hasta la Estación del tren que nos condujo a una intermedia desde donde se pueden abordar tres circuitos. El primero es el del nivel inferior, por el que se puede descender hasta un embarcadero desde donde salen los “macucos” o sea las embarcaciones con potentes motores Yamaha (150 hp) que llevan casi cincuenta pasajeros provistos de chalecos y que se internan debajo de las caídas de agua (también hay de estos servicios del lado brasileño, pero son más caros). Dos integrantes del grupo hicieron la travesía y regresaron emocionados, pero empapados. Estos paseos no están incluidos en la entrada.
Muy cercano a ello, está otro atracadero con una lancha que traslada a los visitantes a la Isla San Martín, que tiene también su propio circuito y sus miradores. En esa isla también hay una pequeña playa donde quienes lo deseen pueden bañarse dentro de una zona de seguridad. A pesar de que algunos nos apuramos para llegar a la salida de la última lancha, a las 15.45, no nos fue posible alcanzarla, por lo que tuvimos que emprender nuevamente una empinada subida por una escalera de piedra que nos agotó.
Esta última lancha y los trenes no tienen costo adicional.
En los alrededores de las estaciones de trenes hay plazas de comidas y ventas de souvenirs. No nos alcanzó ni el tiempo ni las fuerzas para recorrer el llamado Circuito Superior, que muestra el mismo paisaje pero desde mayor altura.
Es bueno saber que lo ideal para recorrer este lado argentino de las Cataratas es ir de mañana y disponer de todo el día para ir intercalando comidas, refrigerios y descanso.
Al día siguiente llovió intensamente y entonces decidimos dejar las motos en el hotel e ir hasta Ciudad del Este en autos de alquiler. Para desplazarse hasta allí hay que atravesar la frontera haciendo los trámites correspondientes, tanto del lado argentino como brasileño.
La frontera argentina-brasileña está marcada por el Puente Tancredo Neves, inaugurado en 1985, la entrada a Paraguay se hace atravesando el Puente de la Amistad, con mucho movimiento y tráfico incesante. Suelen recomendar al turista que no lleve los vidrios abiertos ni que exhiba máquinas fotográficas, filmadoras u otros valores similares. Los arrebatadores están a la orden del día.
Esta Babel moderna se presenta como caótica para nuestra forma de ser. Recomiendan ir temprano y nunca permanecer hasta las últimas horas de la tarde o la noche. Se debe comprar sólo en lugares recomendados y si es posible, acompañados por personas que conocedoras del lugar.
Hay de todo. Se puede comprar de todo y a todos los precios, pero sin duda es un lugar inseguro en el que hay que obrar con precaución.
Al día siguiente tuvimos mucha suerte y el tiempo mejoró, por lo que pudimos cruzar la frontera con las motos e ir a hacer el circuito brasileño de las Cataratas.
Previamente nos detuvimos en el Parque Das Aves, que se encuentra muy cerca de la entrada de las Cataratas. Realmente un lugar sorprendente.
Cuenta con una gran variedad de aves y reptiles, pero la belleza y esplendor de estos magníficos animales es realmente conmovedor.
El acceso brasileño a las Cataratas es más “americanizado”, o sea con mayor desarrollo de infraestructura que el lado argentino y más armado para el turismo. También es más caro.
El lugar de trenes, el acceso al circuito de pasarelas y miradores se hace en modernos buses de dos pisos que terminan su recorrido frente al Hotel Das Cataratas ubicado dentro del parque.
Desde allí se camina por el circuito que conduce nuevamente hasta la Garganta del Diablo, pero en lugar de hacerlo por la parte alta, las pasarelas se internan en el cañón, hasta quedar prácticamente en medio de éste y teniendo una visión intermedia entre el punto más alto y el nivel del agua.
No es posible llegar hasta el final sin mojarse, lo que no molesta por el calor reinante, pero impone un cuidado especial respecto a los equipos de fotografía o filmación.
Posteriormente puede subirse caminando o a través de un elevador panorámico que regala otra vista general que se graba en nuestras retinas como una inolvidable despedida.
En la Terminal de buses hay también un centro con cyber café, diversos comercios y un restaurante con una terraza con vistas a las Cataratas.
Las motos quedan en un estacionamiento vigilado y con cadenas aseguradoras sujetas a unos soportes especiales. El precio del estacionamiento oscila los 6 dólares y el precio de la entrada, unos 12 dólares.
Al día siguiente, cuatro de las águilas debieron volver para cumplir sus compromisos laborales y las otras cinco emprendimos el retorno un día después.
Lo hicimos por otro camino. Tomamos Ruta 12 rumbo a Posadas, luego nos desviamos en la ruta provincial 211 hacia el este, tomamos la Ruta 14 hacia el sur, nuevamente nos desviamos por la ruta 9 hacia el este y allí tomamos una ruta panorámica que acompaña la costa del río Uruguay, la ruta provincial 2, que hace poco fue inaugurada y cuyo pavimento está impecable. Los paisajes de un río Uruguay que parece sin contaminación a esa altura son realmente espectaculares. Seguimos hasta Panambí, donde hay Aduana con Brasil (cuyo territorio obviamente está al otro lado del río) y por la Ruta 103 llegamos nuevamente a la 14 y de allí al recorrido anterior.
Pernoctamos nuevamente en Paso de los Libres y al día siguiente arribamos a Montevideo.
Un viaje muy interesante, como siempre lleno de diferentes vivencias, recuerdos y anécdotas que nos atrevemos a recomendar sin dudas a quienes aún no lo hayan hecho.
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